Las tejedoras: esas revolucionarias (II)

Hace un tiempo escribí esta entrada sobre cómo tejer podía constituirse como una actividad feminista. En él, hacía alusión a las “tejedoras de Robespierre”, o las tejedoras de la Revolución Francesa. Estudiando me he encontrado con que el acto de tejer también se convirtió en un acto político durante la Revolución Americana. 

Durante el periodo revolucionario, las patriotas americanas se asociaron formando las “Daughters of Liberty”. Las mujeres se rebelaban contra los británicos haciendo boicot a sus productos: entre otras cosas, decidieron no consumir té y dejaron de comprar telas inglesas.

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El hecho de boicotear estos productos obligó a efectuar ciertos cambios en el estilo de vida: por ejemplo, empezar a beber café en lugar de té. En lo textil, el dejar de comprar telas inglesas, se reflejó en que las mujeres americanas empezaron a llevar prendas tejidas a mano. Mujeres de todas las clases sociales llevaban prendas tejidas a mano en todas las ocasiones, y el acto de hilar se convirtió en un acto político. Los “spinning bees” (reuniones para hilas) se convirtieron en eventos patrióticos.

La líder de las hijas de la libertad de Massachusetts escribió: “espero que todas vayamos envueltas en pelo de oveja o de cabra en lugar de comprar productos ingleses a un pueblo que nos ha insultado de una forma tan escandalosa”.  (Alice Brown, Women of Colonial Times)

Tejer se constituyó así durante el periodo de la Revolución Americana en un acto político. Una forma de lucha.

inninginthecolonialkitchen

One thought on “Las tejedoras: esas revolucionarias (II)

  1. Yago says:

    Y las bordadoras. No te olvides de Mariana Pineda:

    —¿Y la niña?
    —Borda y borda lentamente. Yo la he visto por el ojo de la llave. Parecía el hilo rojo entre sus dedos una herida de cuchillo sobre el aire.
    —¡Tengo un miedo!
    —¡No me digas!
    —¿Se sabrá?
    —Desde luego, por Granada no se sabe.
    —¿Por qué borda esa bandera?
    —Ella me dice que la obligan sus amigos liberales. Don Pedro, sobre todos. Y por ellos se expone… a lo que no quiero acordarme.
    —Si pensara como antigua le diría… embrujada.
    —Enamorada.
    —¿Sí?
    —¿Quién sabe? Se le ha puesto la sonrisa casi blanca como vieja flor abierta en un encaje. Ella debe dejar esas intrigas. ¿Qué le importan las cosas de la calle? Y si borda, que borde unos vestidos para su niña, cuando sea grande. Que si el rey no es buen rey, que no lo sea;
    las mujeres no deben preocuparse.

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