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Caryn Drexl

Tal vez la cura esté en la escritura, o en el dibujo, o en el baile—en la creatividad. Pero, ¿cómo voy a hacer ninguna de esas cosas en este estado de tensión? Se da una circularidad. Donde estaría la cura es precisamente donde está el problema. No puedo crear si no me relajo. Y no sé cómo relajarme.

Siento que en mi cabeza rebota una pelota con fuerza. Tengo miedo de que me golpee. Siento que mire donde mire hay un muro que me impide seguir adelante.

Me gustaría decir algo más. Pero el muro.

Las tejedoras: esas revolucionarias

Si bien es cierto que en los últimos años se ha puesto muy de moda tejer (y otro tipo de manualidades y artesanías), todavía pervive cierta idea de que tejer es una actividad anticuada, que sume a las mujeres en sus hogares, ocupándose de los aspectos domésticos. En definitiva, que es una actividad del pasado, que mantiene cierta estructura patriarcal, ya que sume a las mujeres en la soledad del hogar.

Sin embargo, yo siempre he considerado que se podía ser feminista tejiendo—que el propio acto de tejer podía constituirse como un acto de independencia. Tejer es, al fin y al cabo, una actividad creativa, que nos permite expresarnos y nos permite explorar nuestros propios sentimientos y pensamientos, nuestros gustos. En tanto que actividad creativa, es una actividad que nos permite conocernos mejor, y por tanto empoderarnos. 

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Hace poco asistí a una conferencia sobre las maternidades y los cuidados; hablábamos precisamente de cómo la mujer había estado confinada (y aún luchamos para romper con ese confinamiento) a la vida privada. Si las mujeres permanecen aisladas unas de otras y no hablan entre sí, entonces nunca se darán cuenta de que los dolores y los problemas a los que se enfrentan no son meramente personales, sino que afectan a las mujeres en cuanto género. Que se trata de una realidad estructural y no de casos aislados. 

Por ello, uno de los caminos más claros para el empoderamiento femenino es crear comunidades femeninas, donde se pueda hablar públicamente de todas aquellas cosas que hasta ahora hemos vivido en privado y en silencio. En este sentido, un ayuntamiento había puesto a disposición de las mujeres del pueblo un local vecinal donde las mujeres se juntaban para tejer.

La chica que impartía la conferencia dijo que esa medida, aunque había empezado siendo una buena idea, finalmente había puesto a las mujeres…A TEJER.  Como si tejer fuera, otra vez, esa actividad que nos vuelve dóciles y nos encierra en casa. Por mi propia experiencia, cuando he tejido con otras mujeres siempre se ha construido una sororidad. Siempre hemos hablado y hemos alcanzado una conciencia más clara de en qué consiste ser mujer en un mundo como el nuestro. Y creo que esto no es sólo algo que suceda hoy en día.

Hace poco, estudiando, descubrí, que durante la Revolución Francesa surgió una figura femenina revolucionaria: las tejedoras. Las tejedoras—tricoteuses—eran mujeres que asistían a las asambleas para estar al tanto de las decisiones y derivas políticas durante la Revolución. Y asistían a las asambleas…efectivamente, tejiendo. Las tricoteuses eran revolucionarias, y apoyaban todas las decisiones políticas de los jacobinos—tanto que las acabaron llamando “las tejedoras de Robespierre”. El apelativo de tricoteuses acabó volviéndose un insulto peor que otros muchos.

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Las tejedoras jacobinas, o las tejedoras de Robespierre. Sus rostros agresivos ya indica la visión que se tenía de ellas. 

De hecho, la contrarevolución acabó utilizándolas como imagen de los efectos terribles de la Revolución: afirmaban que esas mujeres, que asistían tejiendo a las asambleas, también asistían tejiendo a los gillotinamientos—que deseaban los guillotinamientos y que se habían vuelto monstruos sedientos de sangre. Decían que la Revolución era capaz de volver a las mujeres, seres supuestamente dulces y sensibles, en frías y sanguinarias radicales. “Esas mujeres que hacían en público lo que deberían hacer en privado”: TEJER. 

No deja de ser interesante que esas mujeres, revolucionarias, que reclaman derechos, que querían participar en la vida pública y política por sí mismas fueran conocidas y recordadas con ese nombre: tejedoras.

Rupturas

de las que brota

la luz.

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Lo bonito es encontrar cosas que te interesen y hundirte en ellas.

No tienes que demostrar nada.

Sólo tienes que disfrutar de tu camino.

Ser un explorador de mundos.

 

 

Muchas maneras de acertar

 

Aristóteles en la Ética a Nicómaco dice que hay muchas maneras de errar pero sólo una de acertar. Esa idea me ha ido persiguiendo desde hace muchos años: qué dificultad se impone a la vida si uno se guía por esa idea. Hay muchas más posibilidades de equivocarse que de hacerlo bien. Y todo lo que no está bien, ¿está mal?

Si bien, Aristóteles habla de la dimensión moral, yo he ido aplicando (in)conscientemente esa idea a muchos otros terrenos: a la escritura, al dibujo, a las relaciones…Aplicar esa idea incesantemente me ha sometido a una presión que podría haberme convertido ya en diamante.

Sin embargo, hace poco empecé a hacer yoga, y me di cuenta de que no hay una única manera de hacer bien un ejercicio. En yoga los movimientos siguen al cuerpo, y no es el cuerpo el que persigue el movimiento. No se trata de forzar al cuerpo y obligarle a adoptar una postura imposible—se trata de respirar hondo y dejarse llevar hasta donde tu cuerpo te lleve. Sin forzarlo.

Parecerá una tontería mística; pero haberme desbloqueado así en mi cuerpo—haber entendido esto en mi cuerpo—, me ha hecho desbloquearme en otros ámbitos. Entre ellos, el dibujo. He vuelto a dibujar: o tal vez he empezado a dibujar por primera vez en mi vida, ya que, por primera vez, no estoy descartando cada cosa que hago por ser “mala”.

Para quitarme de la cabeza esa idea de que mis dibujos son malos me he decidido a compartirlos—me salga lo que me salga. Comparto mis dibujos para plasmar un proceso, para aprender. Y, así, investigando por Instagram en cuentas de personas que dibujan, he corroborado que no hay una sola manera de acertar.

Hay infinitas.

🐻 #sketchday #mikyonoh

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Seguiré haciendo cosas. Y no para impresionar a nadie. Haré cosas del mismo modo que leo: para mí misma, para descubrir lo que pienso, lo que me gusta, lo que creo—para decidir quién soy.

Nunca se sabe cómo va acabar: uno empieza sin saber muy bien qué quiere decir ni a dónde va a llegar. La sorpresa es parte del proceso creativo. Se trata más bien de plantear una pregunta, en lugar de plasmar una respuesta que ya se había adquirido previamente. Pintaré, escribiré, cantaré, bailaré…porque todavía no he descubierto que haya un límite a lo que puedo ser.

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No hay necesidad de hacerlo bonito.

Sólo hay necesidad de hacerlo.

No sabremos mentir

Donde creatividad e identidad son una y la misma cosa.

Cuando y donde no me han dejado expresarme he sentido que me perdía totalmente. Una vez—más de una vez, en realidad muchas veces—me dijeron que no tenía que identificarme tanto con lo que escribía. Que tenía que distanciarme: establecer una separación entre ser y hacer.

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Mi-Kyung Choi

Intelectualmente, reconozco las ventajas: cuando uno no se siente definido por su obra, entonces los errores no pesan tanto. Sin embargo, cuando uno se identifica con ella…entonces nos convertimos en la encarnación de “tomárselo demasiado a pecho”. Bueno, la cuestión es que no puedo no tomármelo a pecho. No quiero no hacerlo. Es así como me siento.

Necesito hacer cosas con las que me sienta identificada. Nos buscamos a través de nuestra obra. Nos exploramos a través del mundo. Y nos llamarán infinitas veces egocéntricos. Nos dirán otras infinitas veces que tenemos que deshacernos de esas ínfulas de artistas.

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Edward Honaker

Y no podremos hacer caso. El corazón seguirá escapándose por la boca. Lo daremos todo hasta cuando ya no tengamos nada. Rugiremos. Vomitaremos. No sabremos mentir.

 

Hay algo que no me gusta de publicar; es esa sensación de estar mendigando. Atención, reconocimiento. Es esa inseguridad cuando no me dan lo que espero, esa incredulidad cuando sí lo hacen. Esa esclavitud auto-impuesta de la opinión externa.

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Mauro Palmieri

Llevo unos días pensando que si en algún momento llego a confiar en mí misma, en mi talento—sin necesidad de que nadie me diga que lo tengo—explotará algo. Ojalá algún día deje de sentir esta necesidad de una respuesta.

 

 

Ansiedad e imaginación

Llevo muchos años sin escribir como quisiera—llevo muchos años pensando que no tengo imaginación en absoluto. Sin embargo, podría ser más bien lo contrario.

Las personas de rasgo ansioso tenemos una gran imaginación—precisamente es nuestra imaginación la que nos llena de miedos. La que nos hace vernos a nosotros mismos cayendo por las escaleras cada vez que las pisamos. La imagen que construimos es tan vívida que acabamos tomándola por profecía. Acabamos olvidándonos de que fue algo que nosotros mismos construimos.

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Melih ERSAHiN

 

Tengo imaginación. Pero todavía no he aprendido a usarla para lo que quiero. Mi imaginación siempre hace que las cosas acaben mal. Puede que por eso todavía no me haya atrevido a poner el pie en esa escalera. Lidiar con la ansiedad es, en gran medida, aprender a domar la imaginación.

 

 

«Cuando se está hablando de las condiciones de posibilidad del arte ya no se está haciendo arte, sino filosofía del arte» dijeron.

Me hizo pensar. Tal vez esa sea la misma definición de mi bloqueo—de lo que yo siento como un bloqueo. Que siempre acabo deslizándome en la filosofía, como si la gravedad me atrajera de forma irreversible. Una deformación profesional, o una identidad que se impone y no quiere dejar de ser. ¿Una mala costumbre? Cuestionarlo todo desde su propia base.

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Amalgam—Joshua Suda

 

 

Me pongo a escribir, y me pregunto si realmente puedo escribir. Si tengo las condiciones para hacerlo—y nunca lo hago. No consigo sobrepasar esa barrera. Pero ahora estoy hablando, estoy describiendo un estado interno. Poner palabras a los pensamientos, eso me parece fácil.

Hablar del dolor—eso es lo difícil.