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Caryn Drexl

Tal vez la cura esté en la escritura, o en el dibujo, o en el baile—en la creatividad. Pero, ¿cómo voy a hacer ninguna de esas cosas en este estado de tensión? Se da una circularidad. Donde estaría la cura es precisamente donde está el problema. No puedo crear si no me relajo. Y no sé cómo relajarme.

Siento que en mi cabeza rebota una pelota con fuerza. Tengo miedo de que me golpee. Siento que mire donde mire hay un muro que me impide seguir adelante.

Me gustaría decir algo más. Pero el muro.

Yo. Para mí.

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He decidido hablar en primera persona. He comprobado que si me digo a mí misma “puedes escribir” no me convence en absoluto. Esa segunda persona siempre me suena a alguien que me tiene compasión; a alguien que por cariño me sigue dando ánimos, aunque sepa perfectamente que no voy a llegar a ninguna parte. En cambio, la primera persona es poderosa: “puedo escribir”.

Qué distinto se siente—YO PUEDO ESCRIBIR. Yo. Me afirmo a mí misma en lo que digo: afirmo mi identidad, mi capacidad. Lo puedo decir con certeza, lo siento verdadero. No me suena a compasión, me suena a convicción. Puedo escribir—y lo sé porque lo estoy haciendo. ¿Qué puede haber más convincente que eso, que lo estoy haciendo ahora mismo?

La primera persona es poderosa. Te hace tomar una posición frente al mundo, te pone a las riendas de tu propia identidad. Y nos llamarán narcisistas, vanidosos y egocéntricos: pues sí, soy el centro de mi experiencia. Y no voy a juzgarme con el criterio de otros. Menuda afirmación más estúpida: egocéntrico.

Evidentemente.

Soy yo quien escribe. Yo en primera persona. Yo. Yo. Yo.

 

 

La gravedad de las circunstancias

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La gravedad de las circunstancias—Marianne Fritz

Entendí el título sólo después de leer el libro. Lo que se podía entender como seriedad en realidad se refería a una fuerza física: la gravedad.

Nuestras circunstancias, el contexto en que nos hallamos, tienen una fuerza que nos atrae hacia ciertas decisiones. Tomamos decisiones porque somos víctimas de la gravedad de las circunstancias: no nos libramos de la responsabilidad—ya que se nos puede pedir que respondamos por nuestras decisiones—, pero tampoco somos enteramente dueños de nada.

Hemos caído en tantas cosas sin ser plenamente conscientes. Caeremos en tantas otras. Las circunstancias nos empujarán. ¿Cuánta resistencia podremos oponer? Sólo si hay interioridad puede haber identidad. Forjar paso a paso un cierto grado de autonomía.

Perseguir la libertad que nunca quisieron que tuviéramos.

Conozco mi historia—sé dónde debería caer. Pero no me caigo: he leído. Sé a dónde va el camino. La imaginación no es la loca de la casa: es la que nos salvará de todo.

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David Roberts

Muchas maneras de acertar

 

Aristóteles en la Ética a Nicómaco dice que hay muchas maneras de errar pero sólo una de acertar. Esa idea me ha ido persiguiendo desde hace muchos años: qué dificultad se impone a la vida si uno se guía por esa idea. Hay muchas más posibilidades de equivocarse que de hacerlo bien. Y todo lo que no está bien, ¿está mal?

Si bien, Aristóteles habla de la dimensión moral, yo he ido aplicando (in)conscientemente esa idea a muchos otros terrenos: a la escritura, al dibujo, a las relaciones…Aplicar esa idea incesantemente me ha sometido a una presión que podría haberme convertido ya en diamante.

Sin embargo, hace poco empecé a hacer yoga, y me di cuenta de que no hay una única manera de hacer bien un ejercicio. En yoga los movimientos siguen al cuerpo, y no es el cuerpo el que persigue el movimiento. No se trata de forzar al cuerpo y obligarle a adoptar una postura imposible—se trata de respirar hondo y dejarse llevar hasta donde tu cuerpo te lleve. Sin forzarlo.

Parecerá una tontería mística; pero haberme desbloqueado así en mi cuerpo—haber entendido esto en mi cuerpo—, me ha hecho desbloquearme en otros ámbitos. Entre ellos, el dibujo. He vuelto a dibujar: o tal vez he empezado a dibujar por primera vez en mi vida, ya que, por primera vez, no estoy descartando cada cosa que hago por ser “mala”.

Para quitarme de la cabeza esa idea de que mis dibujos son malos me he decidido a compartirlos—me salga lo que me salga. Comparto mis dibujos para plasmar un proceso, para aprender. Y, así, investigando por Instagram en cuentas de personas que dibujan, he corroborado que no hay una sola manera de acertar.

Hay infinitas.

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Seguiré haciendo cosas. Y no para impresionar a nadie. Haré cosas del mismo modo que leo: para mí misma, para descubrir lo que pienso, lo que me gusta, lo que creo—para decidir quién soy.

Nunca se sabe cómo va acabar: uno empieza sin saber muy bien qué quiere decir ni a dónde va a llegar. La sorpresa es parte del proceso creativo. Se trata más bien de plantear una pregunta, en lugar de plasmar una respuesta que ya se había adquirido previamente. Pintaré, escribiré, cantaré, bailaré…porque todavía no he descubierto que haya un límite a lo que puedo ser.

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No hay necesidad de hacerlo bonito.

Sólo hay necesidad de hacerlo.

No sabremos mentir

Donde creatividad e identidad son una y la misma cosa.

Cuando y donde no me han dejado expresarme he sentido que me perdía totalmente. Una vez—más de una vez, en realidad muchas veces—me dijeron que no tenía que identificarme tanto con lo que escribía. Que tenía que distanciarme: establecer una separación entre ser y hacer.

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Mi-Kyung Choi

Intelectualmente, reconozco las ventajas: cuando uno no se siente definido por su obra, entonces los errores no pesan tanto. Sin embargo, cuando uno se identifica con ella…entonces nos convertimos en la encarnación de “tomárselo demasiado a pecho”. Bueno, la cuestión es que no puedo no tomármelo a pecho. No quiero no hacerlo. Es así como me siento.

Necesito hacer cosas con las que me sienta identificada. Nos buscamos a través de nuestra obra. Nos exploramos a través del mundo. Y nos llamarán infinitas veces egocéntricos. Nos dirán otras infinitas veces que tenemos que deshacernos de esas ínfulas de artistas.

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Edward Honaker

Y no podremos hacer caso. El corazón seguirá escapándose por la boca. Lo daremos todo hasta cuando ya no tengamos nada. Rugiremos. Vomitaremos. No sabremos mentir.

 

Hay algo que no me gusta de publicar; es esa sensación de estar mendigando. Atención, reconocimiento. Es esa inseguridad cuando no me dan lo que espero, esa incredulidad cuando sí lo hacen. Esa esclavitud auto-impuesta de la opinión externa.

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Mauro Palmieri

Llevo unos días pensando que si en algún momento llego a confiar en mí misma, en mi talento—sin necesidad de que nadie me diga que lo tengo—explotará algo. Ojalá algún día deje de sentir esta necesidad de una respuesta.

 

 

Ansiedad e imaginación

Llevo muchos años sin escribir como quisiera—llevo muchos años pensando que no tengo imaginación en absoluto. Sin embargo, podría ser más bien lo contrario.

Las personas de rasgo ansioso tenemos una gran imaginación—precisamente es nuestra imaginación la que nos llena de miedos. La que nos hace vernos a nosotros mismos cayendo por las escaleras cada vez que las pisamos. La imagen que construimos es tan vívida que acabamos tomándola por profecía. Acabamos olvidándonos de que fue algo que nosotros mismos construimos.

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Melih ERSAHiN

 

Tengo imaginación. Pero todavía no he aprendido a usarla para lo que quiero. Mi imaginación siempre hace que las cosas acaben mal. Puede que por eso todavía no me haya atrevido a poner el pie en esa escalera. Lidiar con la ansiedad es, en gran medida, aprender a domar la imaginación.