Las tejedoras: esas revolucionarias

Si bien es cierto que en los últimos años se ha puesto muy de moda tejer (y otro tipo de manualidades y artesanías), todavía pervive cierta idea de que tejer es una actividad anticuada, que sume a las mujeres en sus hogares, ocupándose de los aspectos domésticos. En definitiva, que es una actividad del pasado, que mantiene cierta estructura patriarcal, ya que sume a las mujeres en la soledad del hogar.

Sin embargo, yo siempre he considerado que se podía ser feminista tejiendo—que el propio acto de tejer podía constituirse como un acto de independencia. Tejer es, al fin y al cabo, una actividad creativa, que nos permite expresarnos y nos permite explorar nuestros propios sentimientos y pensamientos, nuestros gustos. En tanto que actividad creativa, es una actividad que nos permite conocernos mejor, y por tanto empoderarnos. 

811370139cceb9b9de40939ad3f69468.jpg

Hace poco asistí a una conferencia sobre las maternidades y los cuidados; hablábamos precisamente de cómo la mujer había estado confinada (y aún luchamos para romper con ese confinamiento) a la vida privada. Si las mujeres permanecen aisladas unas de otras y no hablan entre sí, entonces nunca se darán cuenta de que los dolores y los problemas a los que se enfrentan no son meramente personales, sino que afectan a las mujeres en cuanto género. Que se trata de una realidad estructural y no de casos aislados. 

Por ello, uno de los caminos más claros para el empoderamiento femenino es crear comunidades femeninas, donde se pueda hablar públicamente de todas aquellas cosas que hasta ahora hemos vivido en privado y en silencio. En este sentido, un ayuntamiento había puesto a disposición de las mujeres del pueblo un local vecinal donde las mujeres se juntaban para tejer.

La chica que impartía la conferencia dijo que esa medida, aunque había empezado siendo una buena idea, finalmente había puesto a las mujeres…A TEJER.  Como si tejer fuera, otra vez, esa actividad que nos vuelve dóciles y nos encierra en casa. Por mi propia experiencia, cuando he tejido con otras mujeres siempre se ha construido una sororidad. Siempre hemos hablado y hemos alcanzado una conciencia más clara de en qué consiste ser mujer en un mundo como el nuestro. Y creo que esto no es sólo algo que suceda hoy en día.

Hace poco, estudiando, descubrí, que durante la Revolución Francesa surgió una figura femenina revolucionaria: las tejedoras. Las tejedoras—tricoteuses—eran mujeres que asistían a las asambleas para estar al tanto de las decisiones y derivas políticas durante la Revolución. Y asistían a las asambleas…efectivamente, tejiendo. Las tricoteuses eran revolucionarias, y apoyaban todas las decisiones políticas de los jacobinos—tanto que las acabaron llamando “las tejedoras de Robespierre”. El apelativo de tricoteuses acabó volviéndose un insulto peor que otros muchos.

21380485f81d04bba9b461ba50930d52
Las tejedoras jacobinas, o las tejedoras de Robespierre. Sus rostros agresivos ya indica la visión que se tenía de ellas. 

De hecho, la contrarevolución acabó utilizándolas como imagen de los efectos terribles de la Revolución: afirmaban que esas mujeres, que asistían tejiendo a las asambleas, también asistían tejiendo a los gillotinamientos—que deseaban los guillotinamientos y que se habían vuelto monstruos sedientos de sangre. Decían que la Revolución era capaz de volver a las mujeres, seres supuestamente dulces y sensibles, en frías y sanguinarias radicales. “Esas mujeres que hacían en público lo que deberían hacer en privado”: TEJER. 

No deja de ser interesante que esas mujeres, revolucionarias, que reclaman derechos, que querían participar en la vida pública y política por sí mismas fueran conocidas y recordadas con ese nombre: tejedoras.

Bellezas que esperan

Cuando se pasa por una pérdida es cuando más fácilmente se aprende a estar en el momento presente. Cuando mirar hacia atrás es demasiado doloroso, porque la herida aún está abierta, y el futuro nos crea ansiedad porque se presenta como una plena incertidumbre…entonces es cuando tenemos la oportunidad de centrarnos en el presente. En el presente hay plenitud y belleza: pero sólo podemos detectarlas si estamos atentos.

a20aa2efb7454f0353cdf39c0fc2af4d

Respirar hondo—dejarse caer—hundirse—en una belleza que nunca antes percibimos—porque llevábamos la mirada clavada en nuestros miedos.

Que el sufrimiento es opcional es algo que sólo se aprende después de haber sufrido mucho. Cuando das este salto…puedes llegar a sentir que todo ha servido para algo. He recordado tantas cosas importantes: he recordado quién soy.

El dolor nos anula—pero también puede llegar a despertarnos. Estoy despierta. Y ya no me duele nada. En este momento estoy feliz y puedo dar las gracias. Por cada pequeño instante de belleza que he percibido.

0791438569db8a9bfbc01e8db623b526

Cada momento contiene una belleza que sólo pueden contemplar los que están atentos.

La gravedad de las circunstancias

186
La gravedad de las circunstancias—Marianne Fritz

Entendí el título sólo después de leer el libro. Lo que se podía entender como seriedad en realidad se refería a una fuerza física: la gravedad.

Nuestras circunstancias, el contexto en que nos hallamos, tienen una fuerza que nos atrae hacia ciertas decisiones. Tomamos decisiones porque somos víctimas de la gravedad de las circunstancias: no nos libramos de la responsabilidad—ya que se nos puede pedir que respondamos por nuestras decisiones—, pero tampoco somos enteramente dueños de nada.

Hemos caído en tantas cosas sin ser plenamente conscientes. Caeremos en tantas otras. Las circunstancias nos empujarán. ¿Cuánta resistencia podremos oponer? Sólo si hay interioridad puede haber identidad. Forjar paso a paso un cierto grado de autonomía.

Perseguir la libertad que nunca quisieron que tuviéramos.

Conozco mi historia—sé dónde debería caer. Pero no me caigo: he leído. Sé a dónde va el camino. La imaginación no es la loca de la casa: es la que nos salvará de todo.

9c4d8b62b835c12d6397c142a8750b48
David Roberts

Muchas maneras de acertar

 

Aristóteles en la Ética a Nicómaco dice que hay muchas maneras de errar pero sólo una de acertar. Esa idea me ha ido persiguiendo desde hace muchos años: qué dificultad se impone a la vida si uno se guía por esa idea. Hay muchas más posibilidades de equivocarse que de hacerlo bien. Y todo lo que no está bien, ¿está mal?

Si bien, Aristóteles habla de la dimensión moral, yo he ido aplicando (in)conscientemente esa idea a muchos otros terrenos: a la escritura, al dibujo, a las relaciones…Aplicar esa idea incesantemente me ha sometido a una presión que podría haberme convertido ya en diamante.

Sin embargo, hace poco empecé a hacer yoga, y me di cuenta de que no hay una única manera de hacer bien un ejercicio. En yoga los movimientos siguen al cuerpo, y no es el cuerpo el que persigue el movimiento. No se trata de forzar al cuerpo y obligarle a adoptar una postura imposible—se trata de respirar hondo y dejarse llevar hasta donde tu cuerpo te lleve. Sin forzarlo.

Parecerá una tontería mística; pero haberme desbloqueado así en mi cuerpo—haber entendido esto en mi cuerpo—, me ha hecho desbloquearme en otros ámbitos. Entre ellos, el dibujo. He vuelto a dibujar: o tal vez he empezado a dibujar por primera vez en mi vida, ya que, por primera vez, no estoy descartando cada cosa que hago por ser “mala”.

Para quitarme de la cabeza esa idea de que mis dibujos son malos me he decidido a compartirlos—me salga lo que me salga. Comparto mis dibujos para plasmar un proceso, para aprender. Y, así, investigando por Instagram en cuentas de personas que dibujan, he corroborado que no hay una sola manera de acertar.

Hay infinitas.

🐻 #sketchday #mikyonoh

A photo posted by Mikyo Noh (@mikyonoh) on

scribbley #illustrationartists #sketching #digitalpainting #instaart

A photo posted by Nicole Xu (@nicolexu_) on

 

 

 

 

Seguiré haciendo cosas. Y no para impresionar a nadie. Haré cosas del mismo modo que leo: para mí misma, para descubrir lo que pienso, lo que me gusta, lo que creo—para decidir quién soy.

Nunca se sabe cómo va acabar: uno empieza sin saber muy bien qué quiere decir ni a dónde va a llegar. La sorpresa es parte del proceso creativo. Se trata más bien de plantear una pregunta, en lugar de plasmar una respuesta que ya se había adquirido previamente. Pintaré, escribiré, cantaré, bailaré…porque todavía no he descubierto que haya un límite a lo que puedo ser.

CgPJDCnXEAADzeg.jpg

No hay necesidad de hacerlo bonito.

Sólo hay necesidad de hacerlo.

Si yo fuera tú

La empatía es la capacidad de ponerse en el lugar del otro. De entender el punto de vista ajeno, y también de comprender emocionalmente lo que el otro está viviendo. Es decir, supone un acercamiento intelectual y emocional al otro. Cada uno de nosotros, cuando nos enfrentamos a una situación nos enfrentamos a ella en cuanto somos nosotros mismos—con todas nuestras condiciones.

Es decir, cuando me enfrento a un problema me enfrento a él desde mis cualidades: con mis fortalezas y debilidades, con mi manera peculiar de pensar y sentir. Y también me enfrento al problema desde un contexto concreto—que conecta con muchos otros problemas que he tenido previamente, o que tengo al mismo tiempo.

Por eso, cuando una persona—habitualmente con buena intención—te dice “Si yo estuviera en tu lugar haría ‘x'” esa persona en realidad no está logrando empatizar contigo. Esa persona está imaginando cómo se enfrentaría ella al problema—pero está obviando todos los condicionantes con los que tú cuentas y están cambiándolos por los suyos propios. La falta de comprensión del problema viene precisamente de ahí: de que yo no soy tú.

La empatía es algo terriblemente difícil de lograr—requiere mucha imaginación y mucha capacidad de proyección. Se trata de intentar pensar como piensa el otro; intentar sentir como siente el otro, olvidándose de uno mismo. Se intenta lograr una aproximación existencial al otro. Por supuesto, la exactitud es imposible; lo que se puede lograr son aproximaciones más o menos burdas, pero que siempre se agradecen.

  • Gracias, Luis, por enseñarme este vídeo, que lo explica mucho mejor que yo: